La gestión de cualquier proyecto ambiental implica inevitablemente la interacción con una variedad de actores, desde instituciones públicas y comunidades locales hasta inversores y organizaciones. Identificar, clasificar y evaluar a estos grupos de interés es un paso fundamental de planificación. Esto implica la realización de un proceso práctico que permite comprender quiénes están directa o indirectamente vinculados al proyecto, cuáles son sus expectativas y cómo pueden influir en su desarrollo. Realizar este análisis de forma sistemática ayuda a anticipar posibles obstáculos, facilitar la comunicación y los trámites, construir relaciones necesarias y, en última instancia, contribuye a que un proyecto sea viable también en su contexto social y administrativo.