Todo lo que los universitarios critican de sus profesores (y viceversa)

Profesores contra estudiantes; estudiantes contra profesores. Unos se quejan del escaso nivel de preparación con que llegan al campus sus pupilos. Los otros, de que la falta de motivación para la docencia da lugar a desagradables situaciones, en las que el discípulo siempre sale perdiendo.

En medio, un sistema universitario cambiante que parece no encontrar el equilibrio entre las necesidades de estos dos pilares básicos de la comunidad universitaria. Cuando los resultados no son buenos, ¿de quién es la responsabilidad? ¿De la mala base formativa del estudiante o de la falta de motivación del profesor?

Si hay un lugar en que ambas posturas se encuentran, ése es el despacho del defensor universitario. Día tras día, estos profesionales median en situaciones que, cada vez más, tienen que ver con las circunstancias personales del estudiante.

Los recortes, en el centro del problema

«Los problemas más frecuentes tienen que ver con los procesos de evaluación», apunta José Manuel Palazón, presidente de la Conferencia Estatal de Defensores Universitarios (CEDU). «El endurecimiento en los criterios para obtener una beca no son nada comparados con los requisitos para mantenerla. Cada vez más, nos llegan alumnos a quienes un suspenso les supone plantearse si pueden seguir estudiando», explica.

La cosa se pone especialmente peliaguda en las asignaturas con un índice «anormalmente alto» de suspensos. «Es una situación complicadísima porque hay que mediar, intentar que se repita el examen, que se cambie al profesor…», subraya Palazón.

Desde hace tiempo, la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (Creup) trabaja para desarrollar un protocolo de actuación ante asignaturas con menos de un 20% de aprobados. «No se trata de penalizar al profesor, sino de estudiar qué no funciona, porque, si el 80% de la clase suspende, lo que falla es el sistema», subraya su presidente, Luis Cereijo.

La puerta del despacho de Palazón está siempre abierta y, para su alegría y la de sus homólogos en todo el territorio español, cada vez más jóvenes la cruzan. Se ha producido, de un tiempo a esta parte, una toma de conciencia del estudiantado que el presidente de los defensores universitarios sólo puede celebrar.

Falta de disciplina

La queja principal del profesorado, por su lado, viene motivada por la disciplina, o más bien por la falta de ella. La norma por la que se rige la convivencia entre alumnos y profesores es el Reglamento de Disciplina Académica, un decreto que data de 1954. En 2010, el Estatuto del Estudiante enunció la necesidad de renovar el precepto, pero nadie lo ha hecho, según el presidente de los Defensores Universitarios, porque «hablar de sanciones disciplinarias no es muy popular».

El caso es que, en un aula repleta de móviles, pinganillos y sofisticada tecnología de copy-paste, los docentes se encuentran indefensos. «Ha llovido mucho pero, en realidad, es la única forma de sancionar que tenemos», lamenta Palazón.

Para Miguel Ángel Esteso, presidente de la Federación de Asociaciones de Catedráticos de Universidad (FACU), uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta la enseñanza universitaria, «especialmente en los primeros cursos», es «el déficit de preparación con el que acceden los estudiantes, principalmente de herramientas básicas».

Se refiere Esteso a las llamadas competencias transversales, en términos del EEES: «Comprensión lectora, capacidad de análisis y de síntesis, elaboración de un razonamiento lógico y corrección al expresarse, verbalmente y por escrito». Todo ello aderezado con una actitud, según él, «ciertamente infantil» a veces.

Poner en valor la docencia y dotarla de herramientas pedagógicas básicas es, por su parte, el gran caballo de batalla de la Asociación Universitaria de Formación del Profesorado (Aufop). «La Universidad debe ser docencia, y los profesores universitarios no tienen ninguna formación específica», explica.

El alumno como protagonista

El problema, para el llamado Personal Docente e Investigador (PDI), es que para el primero de los dos factores el incentivo es mínimo. Mientras el tramo salarial vinculado a la investigación, el llamado sexenio, exige una evaluación detallada de las publicaciones, seminarios y actividades investigadoras del funcionario, el quinquenio asociado a la actividad docente es prácticamente automático. Una mera cuestión de tiempo.

Para corregir este desequilibrio, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) creó, en 2007, el Programa Docentia, que sugería unas bases comunes sobre las que desarrollar, cada campus de forma independiente, un sistema de valoración de la actividad del profesor en el aula.

Precisamente por «empoderar al estudiante» abogan desde Creup. «Todo lo que ocurre en el sistema universitario debería estar centrado en el alumno, pero en España no se le tiene en cuenta, con unos programas de estudio congelados que no atienden ni a la experiencia previa ni a las expectativas de los jóvenes», denuncia su presidente, que asegura que éste es el único país de Europa en el que existe esta discusión. Sin embargo, el nico instrumento de queja que tienen en sus manos, la encuesta docente, no les convence, lo que provoca que pocos alumnos respondan.

Sobre estos cimientos, algunos centros están implementando sistemas de calificación para determinar la aptitud del PDI para obtener los quinquenios de docencia. Es el caso de la Universidad de Alcalá (UAH), que desde este curso otorga una especial importancia a dicha encuesta.

Un ‘arma’ de participación

Frente a una tasa de respuesta habitual de sólo el 8% en grado y el 7% en posgrado, el 20% de los alumnos de la UAH han rellenado la encuesta del primer cuatrimestre, el pasado diciembre. El truco, una doble labor. Por un lado, han simplificado la metodología: sólo siete preguntas, pactadas con toda la comunidad académica, y dos más abiertas para detectar problemas puntuales. Por otro, han llevado a cabo una labor de evangelización, con jornadas en las que los estudiantes descubren esta arma en sus manos, y han establecido incentivos, en forma de créditos, para fomentar la particiación.

«Se trata de un proceso, no de un producto, está abierto a evolucionar en el futuro», recalca Marisol Morales, vicerrectora de Docencia y Estudiantes de la UAH. «La novedad es que la evaluación la hace el alumno sobre cada profesor, no sobre la materia, y que los resultados se harán públicos, tanto los globales como desglosados por departamentos y asignaturas», explica.

Creup afirma que tomar la iniciativa está «penalizado» en la Universidad, pero exonera de la culpa al cuerpo docente. «El profesor está sobrecargado, es imposible que asuma alguna innovación pedagógica», afirman.

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Fuente: elmundo.es

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