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Científicos que publican un estudio cada cinco días: ¿son realmente sus autores?

Sorprendente pero cierto. Hay 265 investigadores, entre ellos dos españoles, que generan más de 73 papers al año, según un análisis en Nature. ¿Lo logran estirando el concepto de autoría? ¿Merece alguien firmar por haber puesto recursos o solo por supervisar? Hay recomendaciones claras, pero muchos se las saltan. Para algunos, estos fenómenos alertan de injusticias en la atribución de méritos y de la perversión de un sistema de evaluación que otorga demasiado peso a las publicaciones.

“Esto hay que repetirlo”, suele decir el químico Damiá Barceló, profesor de investigación del CSIC y director del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA), si ve algo “muy llamativo” en los trabajos de su grupo. Barceló explica a SINC que, cuando firma un trabajo, realmente lo supervisa y se hace responsable. Y señala que, como editor de la revista Science of the Total Environment, “estas cosas de la autoría las miramos con cuidado”.

Barceló, experto en detección de contaminantes en agua, es el científico español más productivo según un análisis de las publicaciones en Scopus publicado en Nature. Entre los años 2000 y 2016, ambos incluidos, publicó 797 papers –artículos en revistas y en conferencias, pero no cartas al editor–. En 2015 firmó 74 trabajos, así que cumple la condición establecida en el análisis en Nature para ser considerado hiperprolífico: quienes, durante al menos un año, publican más de un paper cada cinco días.

Hay otros 264 investigadores en ese grupo, entre ellos, otro español, Luis Alberto Moreno, catedrático de la Universidad de Zaragoza, experto en nutrición y obesidad infantil. Moreno, investigador principal del grupo GENUD, es autor de 535 papers en los 17 años estudiados, una productividad que él atribuye, sobre todo, a su liderazgo en grandes proyectos internacionales.

Entre los hiperprolíficos hay una treintena de investigadores que firmaron más de un millar de publicaciones en ese periodo. El récord es del experto en materiales Akihisa Inoue, ex-rector de la Universidad Tohoku, en Japón, con 1.680 publicaciones –en 2007 publicó 223–. De siete tuvo que retractarse porque copiaban trabajos ya publicados.

Pero los autores del análisis, liderado por el médico del Meta-Research Innovation Center de la Universidad de Stanford (California, EEUU) John P. A. Ioannidis, niegan querer sacar los colores a nadie: “No tenemos pruebas de que estén haciendo nada inapropiado. Hay miembros de grandes consorcios que pueden cumplir los criterios de autoría en muchas publicaciones”. Su objetivo es promover la reflexión “sobre qué significa la autoría científica”. El propio Ioannidis firma unos 50 artículos al año.

Aclarar qué es ser autor no solo es importante para el ego. La autoría “es la moneda en el ámbito académico”, dice Ioannidis. Ser rico en esta divisa da más posibilidades de acceder a puestos de trabajo y a fondos para investigar. Y, sin embargo, pese a su importancia, el concepto de autor parece ser fluido: “Algunas áreas funcionan con una definición propia”, escriben Ioannidis y sus coautores. “Una definición laxa de la autoría, unida a la desafortunada tendencia a reducir las evaluaciones al conteo de papers, genera confusión en la asignación del crédito”.

Del análisis de los hiperprolíficos se ha excluido a los físicos, cuyas publicaciones tienen a menudo miles de coautores. También a autores de China y Corea, porque Scopus no los diferencia bien. Según los datos de Nature, de los que quedaron (265), entre la mitad y dos tercios son de ciencias de la vida y trabajan en 37 países.

Estados Unidos es donde hay más hiperprolíficos, pero también donde más se publica. En cambio, Alemania y Japón, en segundo y tercer puesto, están sobrerrepresentados. También Malasia y Arabia Saudí, algo atribuible a que en estos países el hecho de publicar se incentiva económicamente.

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Fuente: agenciasinc.es