Las evidencias de que el cambio climático es ya una realidad en Andalucía

Todas las capitales andaluzas batieron en julio sus récords históricos de calor, a excepción de Sevilla y Cádiz, donde se igualaron las temperaturas medias. Son datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) que certifican que el mes pasado ha sido extremadamente cálido en prácticamente toda Andalucía, el más caluroso en todo el país desde que existen registros (95 años). Un notable incremento de temperaturas que, sumado a un invierno con precipitaciones por debajo del 75% de lo normal, ha puesto en peligro, por ejemplo, la producción del olivar seco, cuando se preveía que este año fuera abundante. Pero, ¿se trata de algo puntual o, sin embargo, estos datos climatológicos se vienen a sumar a otras evidencias que podrían dar lugar a pensar que el anunciado cambio climático es ya palpable en la región? ¿Cuáles son las hipótesis de los científicos?

A lo largo de los 4.470 millones de años que se estima tiene la Tierra, las fluctuaciones del clima han sido constantes. Ha habido épocas cálidas y otras frías, que a veces se han alternado de forma abrupta. Lo que sí está constatado es que desde la Revolución Industrial la concentración media de CO2 en la atmósfera, así como de otros gases con efecto invernadero, ha aumentado.

La NASA definió el pasado 2014 como el año más cálido desde 1880. Y es que desde finales del XIX la temperatura media de la superficie del planeta ha subido 0,8 ºC. Las previsiones que se barajan para la mitad del presente siglo oscilan entre una subida de un grado hasta los tres grados de media.

En zona límite

Debido a la complejidad de los factores que afectan al clima aún no hay unanimidad a la hora de afirmar si estos cambios están dentro de la variabilidad natural o si son debidos a la actividad humana. Y no es posible predecir con seguridad lo que puede pasar en lugares como Andalucía, aunque sí se sabe que es una de las regiones de Europa más vulnerables al cambio climático debido a su ubicación geográfica, a su proximidad a una gran zona desértica como es el Norte de África.

Un estudio de la AEMET señala, por ejemplo, que la temperatura máxima en el centro de Andalucía aumentará entre seis y ocho grados durante los meses de agosto en el periodo comprendido entre 2071 y 2100, y que habrá una reducción notable de las precipitaciones. Una previsión a largo plazo que evidenciaría un aumento gradual del calor y las sequías con consecuencias inevitables para los ecosistemas, la agricultura, la salud, la economía, el turismo, las edificaciones y el territorio.

Primeras evidencias

Expertos de la Red de Información Ambiental de Andalucía (REDIAM) de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, citan como huella excepcional del calentamiento global en la región el ejemplo del Corral del Guarnón (Cara Norte del Veleta). Un glaciar de alta montaña —el único que había en Andalucía— que desapareció en 1995. «De él sólo queda un glaciar fósil bajo las piedras, que también está desapareciendo», comenta Juan José Guerrero, técnico del REDIAM.

Otra evidencia que señala es la desaparición de masas de pino en la sierra almeriense de Los Filabres «a una velocidad extrema», así como el hecho de que la oruga procesionaria, en lugar de esperar a la primavera, esté completando su ciclo vital en otoño. Y cita las mediciones que indican que en el periodo que va de 1961 al año 2000 la temperatura media en Andalucía subió 0,9 ºC. «Este año, mayo ha estado 2,1ºC por encima de la media y julio 3ºC. Las previsiones para el periodo 2041-2070 eran de 2ºC, así que se han quedado cortas», señala Guerrero.

Por otro lado, comenta que no se puede decir que la ola de calor sufrida este verano sea consecuencia del cambio global, pero sí apunta que: «Nos estamos acostumbrando a unos calores que no existían hace 20 o 30 años, a que las olas de calor sean más intensas y frecuentes. Mayo se parece cada vez más a julio y el verano se extiende» asegura.

Atendiendo a la variedad climática del territorio andaluz, el REDIAM trabaja en distintos escenarios futuros posibles, conjugando innumerables variables. Una de las principales hipótesis que baraja es que el clima subcontinental de inviernos fríos tenderá a desaparecer, imponiéndose el de veranos cálidos. De tal manera que «el clima del Valle del Guadalquivir va a invadir las zonas más altas, como Sierra Morena», señala Juan José Guerrero.

Carmen Galán, catedrática de Biología Vegetal de la Universidad de Córdoba, galardonada con la Medalla de Andalucía en 2010, asegura que en las últimas tres décadas se viene observando en Andalucía un adelanto de la floración en algunos árboles que florecen en la primavera temprana, como la encina, el plátano de sombra o el ciprés. «La encina ya se está adelantando y si lo hace hacia el final del invierno, sus estructuras reproductoras están sujetas a olas de frío que pueden producir necrosis y no se llegarse a reproducir».

Agua disponible y alergias

A los que florecen al final de la primavera, como el olivo o el alcornoque, más que al aumento de temperatura, lo que les afecta es la falta de agua. Sostiene que «no es que haya menos lluvias que antes, sino que esas lluvias son torrenciales y caen en menos tiempo, por lo que se crean correntías y el suelo no retiene lo suficiente el agua». En cuanto a las plantas herbáceas, «estamos observando que cada vez es más difícil hacer previsiones de cuándo van a florecer, depende de las lluvias».

Galán subraya que lo que afecta a las plantas afecta también a la salud: «En los años 50 había un uno por ciento de población que sufría alergias y ahora es un 24 por ciento». Actualmente, junto a su equipo, trabaja en la hipótesis de que los granos de polen que algunas plantas dispersan por el aire, como el olivo o las gramíneas, «al encontrarse en el aire con contaminantes, como gases o partículas diésel, su manera de reaccionar es parecida a la que tienen cuando llegan a la estructura reproductora femenina: liberan una serie de proteínas que son los alérgenos y que se quedan flotando en el aire», cuenta. Ello explicaría que en las zonas rurales, haya menos alergias que en las ciudades.

Temporales y medusas

En lo que a las costas se refiere, Javier Benavente, del Grupo de Geología y Geofísica Litoral y Marina de la Universidad de Cádiz, asegura que no se puede hablar de un riesgo de inundación directo a casusa del cambio climático. «Lo que sí vemos es que cada vez las costas están más ocupadas, como es el caso de la Costa del Sol, y el impacto de los grandes temporales será mayor», dice.

Ell ascenso del nivel del mar en el Golfo de Cádiz se calcula en 1,5 mm/año, lo que Benavente califica de «no muy elevado», pero que de confirmarse, en 50 años sí generaría problemas en el ecosistema y en las edificaciones. Su recomendación es dejar espacio suficiente al mar para que las playas se regeneren de forma natural.

«En las corrientes cercanas a la costa no hay cambios apreciables, pero sí pueden suceder. Si en el Golfo de Cádiz comienzan a predominar los temporales de poniente frente a los de levante, y empezamos a tener condiciones más secas, habrá problemas en las infraestructuras portuarias que no están preparadas para eso», subraya.

Gloria Peralta, del Departamento de Biología de la Universidad de Cádiz, resalta el papel de protección natural de las marismas, que ante una subida del nivel del mar, acumulan y liberan el agua. Sobre todo, teniendo en cuenta que el cambio global podría estar aumentando la frecuencia de temporales, que provocan a su vez una subida de la cota de agua. Así, reivindica que «las marismas protegen a corto y medio plazo con coste cero, de ahí que sea de vital importancia preservarlas».

Desde el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC), la doctora en Ciencias del Mar Laura Prieto estudia las medusas del litoral andaluz y desmiente la creencia de que esté aumentando su presencia en las playas. Eso sí, ha demostrado que la temperatura controla el ciclo de crecimiento y reproducción de la medusa Cotylorhiza tuberculata, conocida como «huevo frito», de manera que un adelanto de las temperaturas primaverales incidiría en que hubiera un mayor número.

Asimismo, señala que a nivel biológico, la acidificación del océano —el descenso del pH del agua que se atribuye a las emisiones de CO2— hace que las estructuras de carbonato cálcico, como las de almejas o caracolas, se disuelvan.

Energía solar

Enrique Figueroa, catedrático de Ecología y director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, hace hincapié en que «la suma de evidencias» hace pensar que el cambio climático en la Andalucía es una realidad. «Estamos en una tendencia de subida de las temperaturas», señala.

Figueroa destaca que Andalucía es una «zona límite» entre una zona desértica y Europa y que, en relación a su densidad de población, es la región que más va a sufrir los efectos del cambio global. Así, apunta que «vamos hacia veranos cada vez más largos» y que tanto las ciudades como los hogares «no están preparadas para este escenario».

En este sentido, alerta sobre el uso masivo de los aparatos de aire acondicionado y el alto consumo energético que generarán. «Cada vez van a ser más frecuentes las olas de calor y la gente va a tener problemas para pagar una factura de la luz que cada vez es más cara», por lo que insiste en la necesidad de políticas que apuesten por energías como la solar.

Por otro lado, reivindica la capacidad de Andalucía en cuanto a captación pasiva de CO2 a través de sus masas forestales como un valor «a defender» de cara a los pagos que se realizan por los derechos de emisión desde la firma del protocolo de Kioto.

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Fuente: sevilla.abc.es

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