Así es el trabajo de un voluntariado ambiental

A lo largo de 2015 se llevarán a cabo 38 proyectos dentro del Programa Playas, Ríos, Voluntariado y Custodia del Territorio de la Fundación Biodiversidad (FB) del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Veinticuatro de ellos en ríos y 14 en playas gracias a la labor de 34 entidades.

Desde que se inciara el Programa Playas, Ríos, Voluntariado y Custodia del Territorio en 2012 se ha constituido una red de voluntarios estable para el mantenimiento y la mejora de los espacios naturales que ha llegado a movilizar a más de 16.000 personas, se congratula la FB. La iniciativa se enmarca dentro del Programa de Actuaciones de Conservación de la Costa y persigue impulsar la implicación de los ciudadanos en la conservación del litoral y las cuencas hidrográficas intercomunitarias. Promueve, además, la participación de iniciativas procedentes de entidades privadas y empresas.

Educación ambiental

La Asociación Reforesta, por ejemplo, ya ha realizado actividades en julio, agosto y septiembre destinadas a la limpieza de residuos en la cuenca fluvial del madrileño río Guadalix. «Siempre hallamos gran cantidad de residuos en el área, zona de especial conservación incluida en la Red Natura 2000 y protegida por la Directiva Hábitats de la Unión Europea. En dos años hemos realizado cinco limpiezas en el río Guadalix: solo en 2014 recogimos media tonelada de residuos», explica Migue Ángel Ortega, director de la organización, que desde 2010 desarrolla acciones de voluntariado.

«No existe un perfil concreto; participan con nosotros desde familias con niños o parejas hasta jubilados, desempleados o estudiandes, pasando por trabajadores de empresas (como UPS, Fluor y Clarins)», comenta Ortega. Reforesta tiene, por suerte, un fichero de voluntarios que les permite, incluso, contar con «reservas» cuando solicitan ayuda.

«Primero remontamos el río aguas arriba localizando los focos con mayor concentración de residuos mientras los guías van explicando a los voluntarios las características del lugar: la fauna y la flora que atesora, así como sus usos tradicionales. A la vuelta, ya sí, cada participante va llenando sus bolsas con los envases de plástico y cristal que aparecen a su paso», detalla Ortega.

«Hemos solicitado a la Administración que prohíba la introducción de envases de cristal y alcohol en los espacios naturales, dado que hemos observado que se practica el botellón en los mismos. Y el vidrio no solo aumenta el riesgo de incendio sino que también puede cortar a los animales», subraya Ortega. Las aves, por su parte, se llevan a los nidos las anillas de los packs de cerveza o el papel de aluminio poniendo en peligro a los pollos, que pueden asfixiarse con los mismos. Las toallitas que han venido a sustituir a los pañuelos de papel suponen otro problema al no ser biodegradables.

«Mucha gente recoge sus residuos en bolsas, pero luego no se lleva éstas consigo cuando abandona el espacio natural para depositarlas donde corresponde -por ejemplo, en los contenedores que existen en las barreras de control de vehículos-, sino que las abandona en el suelo formando grupos de ellas que llaman la atención del ganado y de los animales silvestres, como córvidos y jabalíes, que picotean y destrozan el plástico esparciendo la basura», relata Ortega. Si hubiera contenedores dispuestos en distintos puntos del espacio natural se haría inviable la propia gestión sostenible del mismo, dado que ocurriría lo enunciado antes y se sumaría el trasiego de vehículos motorizados.

Los residuos, al menos en áreas como la sierra de la Pedriza y la cuenca fluvial del Guadalix, se concentran, sobre todo, desde junio hasta septiembre, en los lugares donde se dan manchas de agua (esté o no autorizado el baño). «Quiero pensar que las malas acciones de una minoría se notan demasiado y que la mayoría se comporta de manera respetuosa. Sin embargo, da la sensación de que hemos vuelto atrás en lo que a educación ambiental se refiere. Las cuadrillas de limpieza que existen en algunos espacios, como en la Pedriza, no dan abasto».

Reforesta también planta árboles en montes de utilidad pública de la Comunidad de Madrid de dificíl acceso para los vehículos motorizados. Y se aseguran del mantenimiento de los plantones llevándoles agua en garrafas. «Muchas veces se planta hasta donde llega la manguera que ha llegado con la cuba que ha transitado por la pista forestal acondicionada, con el riesgo de mortalidad que eso implica para los plantones, de dos años de edad, que tienen una red pequeña para alcanzar dónde la humedad se acumula», asegura Ortega.

Seguridad humana

La Asociación para la Conservación de los Ecosistemas Naturales está centrando sus actuaciones en el río Siurana (Tarragona). «En julio y agosto hemos censado la población de cangrejo de patas blancas -especie protegida que se consideraba autóctona, aunque ahora sabemos, según los registros históricos, que fue introducido desde Italia-, amenazado por la contaminación y, sobre todo, por el cangrejo rojo americano, portador de un hongo letal para él», explica Jesús Ortiz, presidente de la organización.

El cangrejo rojo americano es nocivo para los ecosistemas, como los arrozales, ya que horada túneles que permiten que el agua se escape. Y dado que vive en el sustrato del río, en ambientes no demasiado limpios, comiendo de todo, sus pinzas pueden transmitir enfermedades a quienes los manipulen. En 2013, la Asociación consiguió retirar 10.000 cangrejos rojos americanos del río Glorieta. En el río Montsant lo han intentado, pero parece imposible abordar tantos kilómetros de río y tan inaccesible en algunos tramos. En este último afluente, en concreto, la población de cangrejos de patas blancas está deshauciada, considera Ortiz, dado que los rojos americanos ya han entrado en contacto con ellos.

La identificación con la colaboración de voluntarios de los densos monobosques de árboles exóticos invasores a lo largo del río Siurana constituirá el plato fuerte este otoño. El ailanto y la robinia, procedentes de China y Estados Unidos, respectivamente, se están expandiendo muy rápido debido a sus propias características y a la ayuda de quienes contribuyen a su expansión plantándolos en sus jardines y zonas verdes periurbanas. El ailanto cuenta con unas hojas aladas que le permite dispersarse a través del agua, trenes y carreteras sin problemas. La robinia, por su parte, utilizada en el pasado para establecer márgenes, posee un sistema radicular poderoso que le permite desarrollar clones. Ambos crecen muy rápido, suponiendo un problema para la seguridad humana: su madera es frágil, sus ramas se parten y sus troncos se tronchan; cuando se registran crecidas llegan, incluso, a obturar puentes.

«La información que sobre ellos existe en el río Siurana es escasa y fragmentada, por lo que primero hay que señalar los puntos dónde se localizan ejemplares de ailanto y robinia para más adelante proceder a cortarlos e inyectar tronco a tronco un herbicida que acabe con ellos -y no dañe a otras especies, como sí lo haría la fumigación-. Talándolos solo consigues eliminar un árbol grande, pero te crecen 20-30 más pequeños debido a que sus raíces disponen de reservas suficientes para originar tal multiplicación», manifiesta Ortiz.

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Fuente: abc.es

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